Biblioteca escolar

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lunes, 26 de mayo de 2014

MEMORIAS DE ADRIANO


Animula,vagula,blandula
Hospes comesque corporis,
Quae nunc abibis in loca

Pallidula, rigida, nudula,

Nec, ut solis, dabis iocos…
P. Elio Adriano, Imp.
 
     Mínima alma mía, tierna y flotante,
       huésped y compañera de mi cuerpo, 
      descenderás a esos parajes pálidos, 
         rígidos y desnudos, por siempre sola, 
                 con los ojos abiertos, entrarás en la muerte.
       Traducción de Julio Cortázar
  Tal es el poema del más grande emperador romano, nacido en Iberia, que dictó al morir.

 Marguerite Yourcenar, la genial autora francesa nos brindó las Memorias de Adriano(1951), pieza magistral, que la llevó a ser reconocida mundialmente.Al poco de publicarse  aparece en castellano en una exquisita traducción del escritor argentino Julio Cortázar. 
Dice en sus notas, la escritora: Si ese hombre no hubiera mantenido la paz del mundo y no hubiera renovado la economía del imperio, sus alegrías y desdichas me interesarían menos. La novela, en forma de carta íntima, se constituye en todo un manual de política, amor, belleza, arte, viajes, intrigas, rencor, gobierno, estado, poder, crimen, cinismo, arquitectura, religión, economía, paz y guerra, soledad y compañía, realidades y sueños, teatro, poesía, crítica…, escrito con exquisita prosa poética. Yourcenar, valiéndose de escasos datos sobre la figura, recrea todo un mundo y un hombre, metida entre la carne y el alma, para retratar un imperio desde dentro, y no sólo por la arqueología. De lo que se conservó de Adriano, numismática, edificaciones, esculturas, se descubrió que no sólo fundó una religión propia, sino un dios al que adorar, Antínoo, y de lo que hila en su yo íntimo la autora,se sintió él mismo una deidad.
 Yourcenar podría decirse que estaba cercana a las atmósferas de Wilde y Stevenson, con cierto barroquismo de ideas, y de Proust, pero acaso su símil hubiese sido Hölderlin y su Hiperión, pues Adriano pretendía fundar una nueva Atenas, amante de la belleza y del arte, que tuviera como dios al hombre. Ese hombre que siempre ha pretendido eternizarse, mas lo sorprende la agonía.
 Adriano no creía en la resurrección de la carne, sus incursiones fueron más bien esotéricas, en los misterios eleusinos, pero en el único reino que creyó de veras fue el de este mundo, con el  bien y el mal. A continuación dos vídeos breves representativos:
   

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