Biblioteca escolar

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viernes, 17 de enero de 2014

RAYMOND CHANDLER Y PHILIP MARLOWE



Uno de los principales autores estadounidenses de novela negra es Raymond Chandler (1888-1959), quien, con solo siete obras, legó a la posteridad el prototipo de detective privado: Philip Marlowe, llevado al cine, entre otros, por actores como Robert Mitchum, James Garner o Humphrey Bogart, el preferido del novelista y quien también interpretaría al Sam Spade de Dashiell Hammett, otro mítico detective americano.
Escritor tardío -no se dedicó a la literatura hasta mediada la cuarentena, y ello debido a la depresión que siguió al crack del 29, pues hasta entonces se había ganado la vida como directivo de empresas petrolíferas-, empezó publicando relatos cortos en revistas especializadas en novela policíaca, como Black Mask, y es en ellos donde nacería el personaje por el que ha pasado a la historia, si bien con otros nombres como Carmady, John Dalmas o John Evans. Sus rasgos, no obstante, son fácilmente reconocibles: investigador privado de mala muerte, con un despacho destartalado, en el que no se puede permitir ni una secretaria, soltero y solitario, aunque con éxito entre las mujeres, bebedor de whisky (afición compartida con su creador) pero dotado de gran sagacidad y de un raro sentido de la moralidad, que le impide aceptar cualquier dinero que considere que no se ha ganado. En realidad, en la mayoría de sus casos a duras penas cubre gastos.
El nombre de Philip Marlowe aparece, por fin, en su primera novela larga, El sueño eterno (1939), a la que seguirían Adiós, muñeca (1940), La ventana alta (o siniestra, según la traducción castellana, de 1942), La dama del lago (1943), La hermana pequeña (1949), El largo adiós (1953) y Playback (1958). Para esas novelas tomó prestados (“canibalizó” en palabras de Chandler) elementos y tramas desarrollados en la veintena de cuentos anteriores, algo de lo que no se sentía especialmente orgulloso.
Todas sus historias de detectives están narradas en primera persona, y destacan por la calidad literaria, la ironía de los diálogos y ese sentido ético ya mencionado. No importa el beneficio económico siempre que se haga justicia, aunque sea al margen de las instituciones oficiales. Sin embargo, la sempiterna penuria de Marlowe parece acabar en el último capítulo de Playback: una millonaria que conoció en un caso anterior le propone matrimonio. Al propio Chandler no le acabó de convencer ese final feliz, por considerarlo poco coherente con el discurrir vital de un personaje que había ido envejeciendo con él, y quizá ni se acabase concretando, pero la que iba a ser su octava novela (Poodle Springs) quedó inconclusa a su muerte.
 
SPF

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