Biblioteca escolar

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lunes, 2 de diciembre de 2013

SCHÖNBERG Y SU TRATADO DE ARMONÍA

                                                                                          

En no pocas ocasiones los tratados teóricos referidos a una disciplina concreta trascienden su objetivo inicial para convertirse en piezas de lectura necesaria en lo que a la propia materia se refiere. Tal es el caso del Tratado de Armonía (Harmonielehre) de Arnold Schönberg, aparecido  por primera vez en Viena, 1911. Esta es, un siglo después, una obra de imprescindible estudio para el conocimiento de la armonía y para la comprensión de la estructura de toda la música tonal. Pero además su lectura, desde una aproximación menos técnica, es accesible a todo aquel  que quiera aproximarse a la creación musical y artística. Como apunte podemos recordar que “De lo espiritual en el arte” de Kandisky fue publicado en el mismo año de que el Tratado de Schönberg.de Armonía.
Ambos libros aparecen como trabajos de reflexión de sus autores sobre su propia creación y sobre el futuro de la materia artística.

Retrato del compositor por Egon Schiele
en 1917
Arnold Shönberg, fundador de la Segunda Escuela de Viena y de la atonalidad, se pronunció como antítesis de la actitud iconoclasta, factor que pretendo  resaltar expresamente. Por el contrario, estudió, respetó y admiró a los compositores anteriores a él, desde Bach hasta el sinfonismo que había creado Beethoven y del que arranca toda la creación musical alemana –y consiguientemente europea- del siglo XIX. La primera edición de su Harmonielehre, dedicada a Gustav Mahler, que acababa de morir, incomprendidido por sus contemporáneos, es prueba de ello. Sin embargo, Schönberg, convencido y con firmeza, como se condujo durante toda su  vida, no dudó en posicionarse, con la autoridad que su extenso conocimiento de lo musical y de lo artístico le daba, junto a los que consideraba sus maestros. Los años han confirmado sus afirmaciones.
Tratado de Armonía, pues, pero también tratado de la expresión musical y de la expresión de un gran maestro, baste la primera frase de su prólogo: Este libro lo he aprendido de mis alumnos. Arnold Schönberg aglutinó en su persona la capacidad creadora -don reservado sólo a unos pocos: La noche transfigurada, Gurre lieder-, el estudio minucioso de las obras pasadas y la capacidad reformadora de un arte que caminaba hacia el Expresionismo. Ciertamente, la dificultad de comprensión de las obras atonales ha sobredimensionado las facetas de Arnold Schönberg como maestro, pensador y teórico de la música, facetas que ejerció siempre con perseverante dedicación y profunda entrega.
                                                                                                                       Ana Pérez de Tudela

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