Biblioteca escolar

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martes, 17 de diciembre de 2013

JAVIER MARÍAS- SEMBLANZA



Este autor, nacido en Madrid en 1951, es uno de los más brillantes de nuestra literatura actual, y de hecho es de los pocos españoles que suena cada año en las quinielas para hacerse con el Premio Nobel.
            Hijo del filósofo Julián Marías, sobrino del cineasta Jesús Franco y del músico Odón Alonso, publicó su primera novela, Los dominios del lobo, en 1971, pero quizá la obra que le valió el favor unánime de la crítica y lo dio a conocer al gran público fue Corazón tan blanco, en 1992.
            Aunque se considera discípulo de Juan Benet, ha desarrollado un estilo propio y reconocible, en el que predominan los largos párrafos y las reflexiones plenas de sentido común de los protagonistas, quienes analizan hasta el mínimo detalle las consecuencias que se pueden derivar de cualquier acto, por nimio que este sea.
            Se caracteriza igualmente por mezclar la ficción con la parte autobiográfica, hasta el punto de que muchas veces confunde a sus lectores, que no saben si en realidad habla el autor o el relator de la historia. En Negra espalda del tiempo aclaró alguno de los malentendidos que surgieron tras la publicación de Todas las almas (tuvo una adaptación cinematográfica, de la que Marías reniega), basada en parte en su propia experiencia como profesor en Oxford (también ha impartido clases en una universidad americana y en la Complutense madrileña). A propósito, el narrador de Todas las almas vuelve a aparecer en la enorme –en todos los sentidos– trilogía Tu rostro mañana, con lo que su obra alcanza un alto grado de coherencia y de sentido global.
            Otra de sus facetas descollantes es la de articulista, labor en la que lleva ejerciendo desde 1995, primero en XL Semanal (donde era “vecino” de página de su amigo y colega académico, Arturo Pérez-Reverte) y, a raíz de la presunta censura de uno de sus artículos, posteriormente en El País Semanal, donde lleva acudiendo desde 2002 a su cita dominical con puntualidad británica (Pérez-Reverte suele referirse a él, sin acrimonia, como “perro inglés”).
            En esos artículos (todos ellos recogidos en distintos volúmenes) se descubre al Marías más íntimo y comprometido, con sus fobias y sus filias: acérrimo madridista (su “fe merengue” se tambaleó empero durante la etapa de Mourinho, a quien consideraba la antítesis del tradicional señorío blanco), amante de Soria (adonde se escapa frecuentemente y ha escrito varios de sus libros, pese a los recientes –para él– desastres urbanísticos cometidos), asiduo de las librerías de viejo (su biblioteca particular sobrepasa los veinte mil tomos), rastreador de obras de oscuros autores ingleses –como su admirado John Gawsworth–, y crítico furibundo de los vicios y dislates nacionales, del corporativismo mal entendido y de las procesiones de Semana Santa, que lo dejan aislado en su piso del centro de Madrid durante varios días, pero todo ello teñido siempre de una fina ironía y relatado con su depurada prosa.
            Aparte de sus novelas y artículos, no deberíamos olvidar al Marías autor de relatos breves, al ensayista o al traductor –obtuvo el Premio Fray Luis de León de Traducción por su Tristram Shandy de Sterne–. Ciertamente, es uno de nuestros autores más premiados y reconocidos, en especial en el extranjero, dándose la circunstancia de ser el segundo escritor español, tras Federico García Lorca, con varias obras incluidas en la prestigiosa colección Modern Classics de Penguin. E incluso puede permitirse renunciar al último de los galardones logrados: el Nacional de Narrativa, tras su novela Los enamoramientos (2011), en coherencia con su determinación de no aceptar prebendas institucionales.
            Un último aspecto de su vida, que destacamos por lo curioso, es que ostenta el título de monarca del Reino de Redonda, una minúscula isla caribeña deshabitada, comprada al Imperio Británico en el siglo XIX, y que ha ido pasando por varias manos hasta que el también escritor John Wynne-Tysson cedió en los años noventa el trono de esta ficticia nación a Marías, quien desde entonces “reina” como Xavier I y ha concedido curiosos títulos nobiliarios a amigos como Pedro Almodóvar (Duque de Trémula), Eduardo Mendoza (Duque de Isla Larga) o Arturo Pérez-Reverte (Duque de Corso y Real Maestro de Esgrima). Reino de Redonda es igualmente el nombre de su editorial, donde se da el gusto de publicar con esmero aquellos libros –fundamentalmente rescatados del olvido– que considera merecedores de tal empeño, al margen de intereses comerciales, además de conceder anualmente un premio literario.
            En definitiva, Javier Marías es todo un lujo para nuestras letras a cuya obra recomendamos acercarse.

SPF


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