Biblioteca escolar

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viernes, 20 de diciembre de 2013

FELIPE IV


Era culto, buen conocedor del arte de su tiempo, traducía a Guicciardini y su capacidad de trabajo, en los asuntos de Estado, queda fuera de discusión en la historiografía actual. Sus flaquezas y limitaciones -muchas y bien que le pesaban- también eran notorias. Caían como plomo sobre su conciencia. Tanto como el sombrío panorama de aquella España del siglo XVII  arruinada, empeñada en guerras contra franceses y holandeses. Felipe IV, soberano de dos mundos,  ni vago ni indolente, monarca desgraciado y no exento de grandeza en su derrota. Nada mejor para recordarlo que visitar la exposición organizada en el Museo del Prado, Velázquez y la familia de Felipe IV, abierta hasta el próximo 9 de febrero.

Velázquez y la familia de Felipe IV, 
Del 8 de octubre de 2013 al 9 de febrero de 2014,
edificio Jerónimos, sala C
Museo Nacional del Prado, 
Calle Ruiz de Alarcón, 23, Madrid 28014



martes, 17 de diciembre de 2013

JAVIER MARÍAS- SEMBLANZA



Este autor, nacido en Madrid en 1951, es uno de los más brillantes de nuestra literatura actual, y de hecho es de los pocos españoles que suena cada año en las quinielas para hacerse con el Premio Nobel.
            Hijo del filósofo Julián Marías, sobrino del cineasta Jesús Franco y del músico Odón Alonso, publicó su primera novela, Los dominios del lobo, en 1971, pero quizá la obra que le valió el favor unánime de la crítica y lo dio a conocer al gran público fue Corazón tan blanco, en 1992.
            Aunque se considera discípulo de Juan Benet, ha desarrollado un estilo propio y reconocible, en el que predominan los largos párrafos y las reflexiones plenas de sentido común de los protagonistas, quienes analizan hasta el mínimo detalle las consecuencias que se pueden derivar de cualquier acto, por nimio que este sea.
            Se caracteriza igualmente por mezclar la ficción con la parte autobiográfica, hasta el punto de que muchas veces confunde a sus lectores, que no saben si en realidad habla el autor o el relator de la historia. En Negra espalda del tiempo aclaró alguno de los malentendidos que surgieron tras la publicación de Todas las almas (tuvo una adaptación cinematográfica, de la que Marías reniega), basada en parte en su propia experiencia como profesor en Oxford (también ha impartido clases en una universidad americana y en la Complutense madrileña). A propósito, el narrador de Todas las almas vuelve a aparecer en la enorme –en todos los sentidos– trilogía Tu rostro mañana, con lo que su obra alcanza un alto grado de coherencia y de sentido global.
            Otra de sus facetas descollantes es la de articulista, labor en la que lleva ejerciendo desde 1995, primero en XL Semanal (donde era “vecino” de página de su amigo y colega académico, Arturo Pérez-Reverte) y, a raíz de la presunta censura de uno de sus artículos, posteriormente en El País Semanal, donde lleva acudiendo desde 2002 a su cita dominical con puntualidad británica (Pérez-Reverte suele referirse a él, sin acrimonia, como “perro inglés”).
            En esos artículos (todos ellos recogidos en distintos volúmenes) se descubre al Marías más íntimo y comprometido, con sus fobias y sus filias: acérrimo madridista (su “fe merengue” se tambaleó empero durante la etapa de Mourinho, a quien consideraba la antítesis del tradicional señorío blanco), amante de Soria (adonde se escapa frecuentemente y ha escrito varios de sus libros, pese a los recientes –para él– desastres urbanísticos cometidos), asiduo de las librerías de viejo (su biblioteca particular sobrepasa los veinte mil tomos), rastreador de obras de oscuros autores ingleses –como su admirado John Gawsworth–, y crítico furibundo de los vicios y dislates nacionales, del corporativismo mal entendido y de las procesiones de Semana Santa, que lo dejan aislado en su piso del centro de Madrid durante varios días, pero todo ello teñido siempre de una fina ironía y relatado con su depurada prosa.
            Aparte de sus novelas y artículos, no deberíamos olvidar al Marías autor de relatos breves, al ensayista o al traductor –obtuvo el Premio Fray Luis de León de Traducción por su Tristram Shandy de Sterne–. Ciertamente, es uno de nuestros autores más premiados y reconocidos, en especial en el extranjero, dándose la circunstancia de ser el segundo escritor español, tras Federico García Lorca, con varias obras incluidas en la prestigiosa colección Modern Classics de Penguin. E incluso puede permitirse renunciar al último de los galardones logrados: el Nacional de Narrativa, tras su novela Los enamoramientos (2011), en coherencia con su determinación de no aceptar prebendas institucionales.
            Un último aspecto de su vida, que destacamos por lo curioso, es que ostenta el título de monarca del Reino de Redonda, una minúscula isla caribeña deshabitada, comprada al Imperio Británico en el siglo XIX, y que ha ido pasando por varias manos hasta que el también escritor John Wynne-Tysson cedió en los años noventa el trono de esta ficticia nación a Marías, quien desde entonces “reina” como Xavier I y ha concedido curiosos títulos nobiliarios a amigos como Pedro Almodóvar (Duque de Trémula), Eduardo Mendoza (Duque de Isla Larga) o Arturo Pérez-Reverte (Duque de Corso y Real Maestro de Esgrima). Reino de Redonda es igualmente el nombre de su editorial, donde se da el gusto de publicar con esmero aquellos libros –fundamentalmente rescatados del olvido– que considera merecedores de tal empeño, al margen de intereses comerciales, además de conceder anualmente un premio literario.
            En definitiva, Javier Marías es todo un lujo para nuestras letras a cuya obra recomendamos acercarse.

SPF


miércoles, 11 de diciembre de 2013

LOS HIJOS DEL BOSQUE



El hallazgo de unas setas en el monte siempre produce cierto asombro. Las setas sugieren lo más arcaico, lo primigenio. No es casual que las asociemos a los cuentos de hadas.También producen una saludable prevención para los profanos en cuestiones micológicas. Álvaro Cunqueiro (1911-1981) decía que los hongos son los hijos del bosque del invierno. En "El viaje al bosque" este autor recordaba al señor de Brântome que escribió una historia trágica en la que aparece un boleto azulado, muy venenoso, que costó la vida a un caballero. Cunqueiro relacionaba, además, el agárico con los duques de Aquitania, grandes en su tiempo, y la colmenilla, la colmena suculenta, con los romanos.

Álvaro Cunqueiro "El viaje al bosque", en Viajes imaginarios y reales, selección y prólogo de César Antonio Molina, Tusquets, Barcelona, 1986, págs, 68-70.

AAM

jueves, 5 de diciembre de 2013

JAÉN COMO ESCENARIO NARRATIVO


Aquí os traigo dos novelas de nuestra narrativa española ambientadas en la provincia de Jaén. La primera de ellas es la ganadora del Premio Planeta El jinete polaco (1991) del académico de la lengua Antonio Muñoz Molina cuyo escenario literario es la comarca de Las Lomas, en Sierra Mágina ; la segunda novela  está ambientada en la Sierra Sur de Jaén y es la última novela publicada por Almudena Grandes,titulada El lector de Julio Verne( 2012) .Las dos novelas presentan rasgos comunes  : la recuperación del pasado mediante el relato y su transmutación en ficción, y la sustitución de la realidad por una narración de los hechos y una descripción de las cosas . Con un espacio geográfico bien conocido , ambas novelas hacen una evocación de la memoria histórica más inmediata destacando el tema de la posguerra española y la mísera vida en una zona rural de España bastante deprimida. Al punto de la cruda realidad se superponen la imaginación y la fantasía de los protagonistas de las dos novelas en una clara superación de lo real y una apasionada defensa del amor por los libros. 

A continuación dos vídeos sobre estas obras y sus autores: Entrevista de Antonio Muñoz Molina en Canal Sur con motivo de la concesión del Premio Príncipe de Asturias de las Letras y la  presentación de la novela de Almudena Grandes en Alcalá la Real (Jaén)


                                                                     

miércoles, 4 de diciembre de 2013

SIMENON Y MAIGRET



Dentro de la llamada novela negra, uno de los nombres destacados es sin duda Georges Simenon, prolífico escritor belga (aunque los franceses hayan intentado apropiárselo), autor de unas quinientas obras (no exclusivamente policíacas), y padre literario del comisario Maigret.
            Las casi ochenta novelas en las que aparece este comisario jefe de la policía judicial francesa, no tienen nada que ver con las historias que popularizaron Gaston Leroux, Conan Doyle o Agatha Christie. En ellas no vamos a encontrar esas fantasiosas escenas, en las que los sospechosos se reúnen dócilmente en la biblioteca para que el sagaz detective de turno desvele quién ha sido el asesino. Las investigaciones de Maigret son, desde el punto de vista policial, realistas, y sus resultados son el fruto de fatigosos interrogatorios y de “empaparse” en el ambiente de la víctima, algo que el comisario considera imprescindible para intentar desentrañar qué llevó a la comisión del crimen.
            Las características del protagonista tampoco son espectaculares: su edad oscila según la novela entre cuarenta y sesenta años, huraño, con sobrepeso (pese a las recomendaciones de su médico y amigo personal, el doctor Pardon), fumador empedernido en pipa, amante de la comida tradicional, de la cerveza y del calvados (tal vez de un grog cuando el frío aprieta, frío que combate además con su eterna gabardina), y fiel esposo de la apacible señora Maigret, quien siempre le estará esperando en su casa del bulevar Richard-Lenoir, pese a que muchas veces reciba una llamada anunciando que “esta noche tampoco iré a cenar”. Su nombre de pila es Jules, pero todo el mundo se refiere a él por el apellido, incluyendo su esposa.
             Las novelas no siguen una línea temporal, pues mientras que en una se encuentra a punto de jubilarse, haciendo planes para la casita de campo a la que se retirará, en la siguiente lleva poco tiempo en la policía judicial, e incluso llegamos a conocerlo cuando es un simple “flic” que hace sus rondas en bicicleta (La primera investigación de Maigret).
            También resulta curioso cómo en los relatos se atraviesa en ocasiones la “pared” de la ficción, y así podemos encontrarnos al comisario yendo al cine con su esposa para ver una película basada en sus investigaciones –se rodaron bastantes y con diversos actores, aunque para la mayoría la imagen del comisario quedará identificada para siempre con la de Jean Gabin–. O en Las memorias de Maigret, su superior le pide que reciba a un periodista llamado Georges Sim –el “nom de plume” que utilizaba Simenon en sus años de joven reportero de sucesos– para que le hable de sus casos más famosos, y de quien finalmente recibirá un libro firmado ya con el nombre real del escritor.
            Aunque sus novelas se ambientan en diferentes ciudades e incluso países (siguiendo los pasos del autor, viajero infatigable), quizá sus obras más celebradas sean las que se ambientan en París, pues en ellas es donde encontramos al comisario en su hábitat natural: su despacho en el Quai des Orfèvres, edificio que comparte con el Palacio de Justicia, lo que fomenta los ya de por sí inevitables roces entre policías y jueces, la repisa con su colección de pipas, la antesala siempre llena de personas que desean ser recibidos por él, la estufa que alimentará en el gélido invierno parisino y las ventanas que abrirá en época estival, el despacho contiguo de sus fieles inspectores (Janvier, Lucas, “el joven” Lapointe o “el gordo” Torrance) y, no nos podemos olvidar, la Brasserie Dauphine, a la que se acudirá para pedirles que suban una bandeja con cervezas y bocadillos cada vez que los interrogatorios se prevén largos.
            La primera novela de Maigret se publicó en 1931 (La muerte del señor Gallet), mientras que la última se entregó en 1972 (Maigret y Monsieur Charles). El año más fecundo fue precisamente 1931, cuando se publicaron una decena de libros, entre ellos el más violento, Pietr el letón o La muerte ronda a Maigret –que con ambos títulos ha aparecido en nuestro país–, en la que es asesinado “el gordo” Torrance, lo que no impedirá que “resucite” en novelas posteriores, debido a la mencionada no linealidad temporal de su obra.
             Esta fecundidad del autor se debe al metódico ritmo de trabajo que nos desvela su biógrafo, Pierre Assouline: ocho capítulos en ocho días, una pausa y tres días más para la revisión. En cualquier caso, las novelas de Maigret no son extensas, pues suelen ocupar unas cien páginas. Todas ellas han sido publicadas en nuestro país a precios muy asequibles, originalmente por Luis de Caralt y con  posterioridad por RBA, Orbis o Booket –un par de traducciones, por cierto, obra de Fernando Sánchez Dragó–, así que no hay excusa para que los amantes del género policíaco dejen de disfrutar de las obras de este excelente autor fallecido en 1989. 

SPF
  

lunes, 2 de diciembre de 2013

SCHÖNBERG Y SU TRATADO DE ARMONÍA

                                                                                          

En no pocas ocasiones los tratados teóricos referidos a una disciplina concreta trascienden su objetivo inicial para convertirse en piezas de lectura necesaria en lo que a la propia materia se refiere. Tal es el caso del Tratado de Armonía (Harmonielehre) de Arnold Schönberg, aparecido  por primera vez en Viena, 1911. Esta es, un siglo después, una obra de imprescindible estudio para el conocimiento de la armonía y para la comprensión de la estructura de toda la música tonal. Pero además su lectura, desde una aproximación menos técnica, es accesible a todo aquel  que quiera aproximarse a la creación musical y artística. Como apunte podemos recordar que “De lo espiritual en el arte” de Kandisky fue publicado en el mismo año de que el Tratado de Schönberg.de Armonía.
Ambos libros aparecen como trabajos de reflexión de sus autores sobre su propia creación y sobre el futuro de la materia artística.

Retrato del compositor por Egon Schiele
en 1917
Arnold Shönberg, fundador de la Segunda Escuela de Viena y de la atonalidad, se pronunció como antítesis de la actitud iconoclasta, factor que pretendo  resaltar expresamente. Por el contrario, estudió, respetó y admiró a los compositores anteriores a él, desde Bach hasta el sinfonismo que había creado Beethoven y del que arranca toda la creación musical alemana –y consiguientemente europea- del siglo XIX. La primera edición de su Harmonielehre, dedicada a Gustav Mahler, que acababa de morir, incomprendidido por sus contemporáneos, es prueba de ello. Sin embargo, Schönberg, convencido y con firmeza, como se condujo durante toda su  vida, no dudó en posicionarse, con la autoridad que su extenso conocimiento de lo musical y de lo artístico le daba, junto a los que consideraba sus maestros. Los años han confirmado sus afirmaciones.
Tratado de Armonía, pues, pero también tratado de la expresión musical y de la expresión de un gran maestro, baste la primera frase de su prólogo: Este libro lo he aprendido de mis alumnos. Arnold Schönberg aglutinó en su persona la capacidad creadora -don reservado sólo a unos pocos: La noche transfigurada, Gurre lieder-, el estudio minucioso de las obras pasadas y la capacidad reformadora de un arte que caminaba hacia el Expresionismo. Ciertamente, la dificultad de comprensión de las obras atonales ha sobredimensionado las facetas de Arnold Schönberg como maestro, pensador y teórico de la música, facetas que ejerció siempre con perseverante dedicación y profunda entrega.
                                                                                                                       Ana Pérez de Tudela
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